Vivimos en la era dorada de la autonomía. El mundo moderno nos ha entrenado para adorar la independencia como la máxima virtud del ser humano. Lamentablemente, la iglesia no ha sido inmune a este virus cultural. Hoy en día, la desobediencia espiritual más peligrosa no se manifiesta con ateísmo militante o pecados escandalosos; se camufla detrás de un activismo dominical frenético y de una frase que se ha convertido en el escudo de los insubordinados: «Yo solo le rindo cuentas a Dios». Suena sumamente espiritual, pero es una trampa mortal en el mundo espiritual.
Este libro nace de una urgencia pastoral: desarmar el mito religioso de la independencia y denunciar la epidemia silenciosa que está dejando a miles de creyentes y líderes sin poder, sin unción y completamente vulnerables ante los ataques del enemigo. El diseño original de la autoridad es un paraguas legal de protección. Estar bajo cobertura no limita tu potencial ni apaga tus dones; es el perímetro de seguridad que garantiza que nada ni nadie pueda detener el cumplimiento de tu propósito divino. Llegó la hora de apagar la señal del orgullo y volver a conectarse a la red del respaldo divino. Porque el cielo no respalda a los llaneros solitarios; el cielo respalda a los que saben vivir bajo cobertura.





